El traslador de hoy nos lleva hasta Castilla-La Mancha y nos invita a dejar volar la imaginación por sus tierras, cuna del caballero de la triste figura.
Este viaje fue muy importante para mí, pues lo preparé a conciencia. Había escuchado hablar de esta ruta en el Camino de Santiago años antes y tenía muchas ganas de hacerla. Además, fue mi primer viaje en pareja con mi marido, que en aquel entonces era mi novio.
Él es motero, así que lo planeé sobre dos ruedas. Compré una libreta en Ale-hop con una carretera en la portada que ponía "Atrévete a vivir tu propia aventura", completé un poco el interior con un mapa hecho a mano y fui añadiendo los destinos en los que íbamos a hacer paradas y poniendo cosas típicas que hacer. Le envié por correo a su casa la libreta con una nota pidiéndole que me acompañara en esta aventura.
Obviamente, su respuesta fue un sí, y preparamos la maleta. Cuando se viaja en moto hay poco espacio, así que hicimos una lista para llevar lo imprescindible, y como tal era el equipo para la moto y el chubasquero por si llovía.
Antes de salir de casa, llevamos a cabo el primer y más importante protocolo para nuestro viaje: pusimos nombre a nuestro caballo de dos ruedas, Rocinante, como el afamado equino de nuestro héroe. Con este trámite realizado, emprendimos camino.
Durante cuatro días recorrimos Puerto Lápice, Alcázar de San Juan, Campo de Criptana, El Toboso, Belmonte, Tomelloso, Argamasilla de Alba, Daimiel, Ciudad Real, Almagro, Valdepeñas, San Carlos del Valle, Villanueva de los Infantes, Ossa de Montiel y Ruidera.
La primera noche la hicimos en el corazón de Castilla-La Mancha, en Puerto Lápice. Allí recorrimos sus calles y disfrutamos de la Plaza de la Constitución y el monumento a El Quijote. Nos dejamos embriagar por las vistas de Alcázar de San Juan y tomamos cumplida venganza en nombre de Don Quijote con uno molinos o gigantes, según se mire, de Campo de Criptana.
Para llegar hasta Daimiel, corrimos la mayor de las aventuras hasta ese momento. La que nos cubrió de honor y gloria. Hacía un día un poco nublado y había llovido a ratos. Pues justo cuando estábamos a 5 km de nuestro destino y nos habíamos quitado el chubasquero, nos cayó una tromba de agua que nos bautizó como auténticos moteros.
Allí, su parque reservado, las Tablas de Daimiel, nos enamoró. Pasear y observar su flora y su fauna fue un momento de naturaleza y relax fascinante. En El Toboso, visitamos el museo Casa de Dulcinea y el museo Cervantino.
Pasamos por Almagro velozmente, no sin recrearnos el poco tiempo que tuvimos en su teatro y el corral de comedias.
En Belmonte fuimos partícipes de otra maravillosa escena: hicimos una visita teatralizada a su castillo y mi marido tuvo que sacar su espada y luchar representando a Juan Pacheco. Fue una experiencia inolvidable.
En Valdepeñas tuvimos un día lluvioso, que no fue impedimento para pasear por sus calles y disfrutar de sus gentes.
La parada en Ossa de Montiel era de obligado cumplimiento, pues era el lugar más mágico y misterioso de toda nuestra ruta, ya que en la Cueva de los Montesinos es donde nuestro caballero andante desciende y tiene visiones fantásticas. Esta pequeña expedición subterránea resultó muy entretenida. En su interior pudimos observar un río subterráneo y diferentes formaciones geológicas.
Para terminar nuestro viaje, pasamos el día en las Lagunas de Ruidera. El baño no fue posible porque no hacía temperatura, pero pasamos un buen rato explorándolas.
La aventura terminó con nuestro carnet de moteros, pues tras la tromba de agua y los más de mil kilómetros que hicimos en cuatro días, nos lo auto expedimos, y con un título nobiliario, al completar la ruta nos dieron un título de Caballero Andante y Dulcinea del Toboso.
Como podéis comprobar, un destino con diversas actividades y fantasía, toda la que seáis capaces de proyectar, pues La Mancha es un escenario que se presta a la imaginación, un lienzo donde los molinos son gigantes y las aventuras nunca terminan.
Porque, como dijo el Quijote, "donde una puerta se cierra, otra se abre", y nosotros sabemos que, en La Mancha, las puertas de la aventura siempre están abiertas para aquellos que se atreven a soñar.
Atentamente,
La Chica Flow
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