#6 Sintra: Mística y simbólica.

  

Conocí Sintra de una manera curiosa. Mi madre, que ha viajado tres veces en su vida, pasó por allí en un viaje organizado, en el cual decidió traerme de todo su recorrido de siete días una postal de Sintra.

Hasta aquí todo normal. Si me hubieras preguntado si conocía esa localidad, te hubiera dicho que no, porque a pesar de tener la postal pegada en mi tablón de cosas divertidas, no le presté mayor atención.

Quiso la casualidad que tres meses después me reencontrara con unos compañeros de El Camino de Santiago, un madrileño y una cubana con mucha "sal" viviendo en la gran manzana. Así que no tuve nada que hacer, nos reuniríamos en Madrid con un destino incierto. Y así fue como me enteré, cuando ya andaba por la capital española, que nuestro destino era Mérida y Lisboa.

Era nuestro tercer día de viaje cuando llegamos a Sintra, recuerdo aparcar en la Quinta da Regaleira y parpadear, ¡un sitio mágico! Hicimos una visita guiada por su interior y tanto su decoración como arquitectura e historia me dejaron boquiabierta. Ese lugar es especial, solo tienes que estar ahí para saberlo, respirar en su atmósfera.

Se cree que Carvalho Monteiro, un hombre culto y esotérico, diseñó la Quinta da Regaleira como un espacio de iniciación y reflexión, donde se representaban rituales y conceptos filosóficos, y que los jardines laberínticos, las grutas y los pozos simbolizan el viaje del alma hacia la iluminación y el conocimiento oculto.

Lo cierto es que sus edificios y jardines están llenos de simbolismo relacionado con la alquimia, la masonería y los templarios. El lugar que más me llamó la atención fue el pozo iniciático, una torre invertida que se adentra en la tierra, la cual nos contaron que se utilizaba para ceremonias de iniciación. Cuando bajas esas escaleras puedes sentir la energía, puedes sentir que tiene una historia. Recuerdo estar abajo, sobre el centro de la torre y levantar la mirada, una sensación inefable.

En este conjunto, además de los jardines, encontramos la Capilla de la Santísima Trinidad, digna de admiración, y el Palacio da Regaleira, que no se queda atrás. Es el edificio principal de la finca, y su fachada es una mezcla de torres y elementos medievales que evocan a un castillo, con detalles religiosos.

 

Atravesando una gruta de El Palacio da Regaleira


Aun así, insisto. El lugar más místico de este complejo son los jardines. En ellos podemos encontrar un laberinto de senderos, grutas, lagos y fuentes entremezclados con vegetación exótica y construcciones misteriosas. También podemos observar alusiones a la Divina Comedia de Dante y a los mitos clásicos.

La Quinta da Regaleira es mi lugar favorito de Sintra. Es uno de esos sitios que no puedes olvidar y a los que estás deseando volver.

Nuestro viaje a Sintra continuó a otro lugar maravilloso. El Palacio da Pena, el cual es todo un espectáculo visual. Tiene un aspecto divertido, con mucho color y alegría. Sus torres, almenas, gárgolas y estatuas de criaturas mitológicas son algunos de los elementos arquitectónicos que le dan ese aire diferente a otros castillos de este tipo.

Lo que más me gustó fue que estaba amueblado, lo que te permite transportarte a su época de esplendor.

Los jardines del palacio, conocidos como el Parque da Pena, son un espacio natural que consta de un sinfín de plantas, bancos de piedra, puentes, fuentes y pequeñas construcciones integradas en el entorno natural que hacen que este lugar parezca sacado de un cuento de hadas.

La última parada en Sintra fue en el Cabo da Roca, el punto más occidental de la Europa continental. Impresionan sus acantilados de más de 140 metros de altura, que nos brindan unas fantásticas vistas del océano y las olas rompiendo contra las rocas.

Como podéis ver, un día largo e intenso, y que mereció mucho la pena. Lleno de misticismo y simbolismo, pues si la Quinta da Regaleira nos embaucó con su torre iniciática, el Palacio da Pena nos invitó a vivir en pleno siglo XIX y el Cabo da Roca nos recordó la inmensidad del mundo y nuestra pequeña pero significativa presencia en él.

Sintra me enseñó que los viajes pueden comenzar de las maneras más inesperadas, que los lugares más mágicos a menudo se encuentran donde menos los esperamos. Y que, a veces, un pequeño recuerdo puede ser la puerta de entrada a un mundo de maravillas.

Atentamente,

La Chica Flow.

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